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En la primavera de 1969 Witold Gombrowicz vive la cima de un dolor prolongado y sin alivio. Su padecimiento asmático está en las últimas etapas y apenas el invierno anterior la deficiencia respiratoria le provocó un infarto. Tiene 65 años, se ahonda su depresión, está desahuciado. En su casa de Vence, al pie de los Alpes Marítimos en el sur de Francia, lo acompañan su esposa Marie-Rita Labrossé y sus amigos Constantin Jelenski y Dominique de Roux.

Witold agoniza. Pide veneno, una pistola… quiere apurar el final.

Rita y Dominique lo convencen de un último esfuerzo: volver a la pasión vital de su juventud: la Filosofía. Le piden un curso rápido, un recuento de sus percepciones de las principales ideas filosóficas y sus autores. Witold abrevia entonces su filosofía del outsider moribundo. En total seis horas y cuarto de lecciones y discusiones espaciadas a lo largo de dos meses —de abril a mayo de ese año— mientras la enfermedad lo permitió. Gombrowicz resiste un par de meses más, hasta el 24 de julio de 1969, cuando muere dormido.

El relato lo abrevia Cristina Fernández Cubas en el prólogo a la edición Tusquets 2009 de Curso de filosofía en seis horas y cuarto, de Witold Gombrowicz, volumen editado a partir de las notas transcritas en aquellas sesiones por Rita y Dominique, y traducido al español por Josep María Ventosa.

Gombrowicz

 

Pinceladas vitales

Witold Gombrowicz nació en 1904, descendiente de aristócratas rurales del señorío de Maloszyce, al sur de Polonia. Por deseo de su padre realizó estudios de Filosofía y Derecho en Varsovia, la férrea voluntad paterna lo predestinaba entonces al trabajo en el juzgado y a una vida al amparo de la burocracia judicial. Finalizó sus años universitarios y en 1926 viajó a París para asistir al Instituto de Altos Estudios Internacionales (donde, confiesa, se aburría tanto como en sus clases de Teoría del Derecho). Con el antecedente de dos intentos fallidos de novela, Gombrowicz persistió en su deseo de convertirse en escritor aun sin éxito posible.

Su falta de interés académico lo privó de la ayuda económica familiar y lo forzó a dejar las tertulias parisinas y a regresar a Varsovia resignado al trabajo judicial en los tribunales: “No lograba distinguir a los jueces de los asesinos… y estrechaba la mano de los asesinos”, escribiría luego en sus Diarios.

En la vieja ciudad resistió el ejercicio mediano de la abogacía sin mucha dedicación y sólo para darle tiempo a la escritura. En 1933 publicó ocho relatos bajo el título de Memorias del tiempo de la inmadurez. Fernández Cubas destaca cómo los críticos reiteraron la “inmadurez” del autor sin percatarse del facilismo del argumento, ni del efecto en contra provocado por la obviedad del comentario.

En 1935 Witold deja por fin el trabajo jurídico. Tiene 30 años, publica la obra teatral Ivonne, princesa de Borgoña y se concentra en la escritura. De ese periodo emerge, en 1937, su legendaria novela Ferdydurke, cuyo título no significa nada: es novela, ensayo, varia invención, relatos existenciales, crítica feroz al nacionalismo polaco, en fin: “un libelo”, diría él, sobre la historia de un adulto infantilizado obligado a regresar a la escuela. En 1939 publicó por entregas la novela Los hechizados. Se convirtió así en un escritor más o menos conocido en los medios intelectuales de Varsovia. Hasta aquí este trazo rápido de la primera parte de su vida, la parte europea.

 

Misfit en Argentina

Una casualidad e incluso algo de suerte para conseguir los documentos apropiados, llevaron a Witold a aceptar en 1939 la invitación de una línea naviera para embarcarse junto con otros escritores polacos en un nuevo buque trasatlántico rumbo a Argentina. La singladura programada lo traería de vuelta a Europa ese mismo año. La cronología de su vida, puntualizada con precisión en su página web en español (http://www.gombrowicz.net/-Witold-Gombrowicz-Version-espanola-.html), señala el 29 de julio como la fecha del inicio de su viaje en el buque Chrobry, en compañía de otros escritores —como Czesław Straszewicz—, periodistas y diplomáticos. La información señala además a Jerzy Giedroyc, funcionario del Ministerio de Industria, como el responsable de la invitación a Gombrowicz, pues la lectura de Ferdydurke había despertado su entusiasmo. Después de la guerra, su amigo Straszewicz fundará la revista Kultura y llegará a ser editor de Witold en polaco.

El 22 de agosto Gombrowicz desembarca en Buenos Aires.

Y de pronto… la guerra, la invasión de Polonia, Hitler, el nazismo en ascenso.

Este azar transformó por completo la vida del escritor. Permaneció 24 años en Argentina, ignorado o rechazado por los círculos literarios e intelectuales, pero también elevado a rango de genio incomprendido, outsider en el exilio, misfit legendario, provocador rodeado por un panda de jóvenes seguidores radicales y miserables.

Cristina Fernández Cubas recuerda cómo el polaco se apartó de manera consciente del Parnaso argentino tanto por falta de dinero como de interés. Fue, en palabras del propio Witold, “el único escritor extranjero que no cumplió con el rito de acudir al salón de la señora Ocampo” (la aristócrata, escritora, intelectual, ensayista, traductora, editora y mecenas argentina Victoria Ocampo).

Acaso por ello la Revista Sur, encabezada por la escritora, fue la única en ignorar en 1947 la publicación de Ferdydurke en Buenos Aires, traducida del polaco por los amigos y admiradores de “Witoldo”, como comenzaron a llamarlo en la capital bonaerense. Al parecer nada anticipaba el hito literario en que se convertiría en el país sudamericano. Ernesto Sábato lo describió como “un individuo flaco, muy nervioso, que chupaba ávidamente su cigarrillo y desdeñosamente emitía juicios arrogantes e inesperados”.

Sobre Jorge Luis Borges, Witold señaló la imposibilidad de acercarse a un hombre así. Por un lado, debido a su entorno protector y, por otro, a causa de la ceguera. En una declaración recuperada por Fernández Cubas, Gombrowicz infiere dos consecuencias inmediatas de la falta de visión de Borges: primero, la gran concentración interior que le permitiría escribir grandes obras; y luego, la reclusión en un círculo limitado, estrecho, adulador, formado por escritores “ninguno de los cuales tenía la suficiente altura para contradecirlo”. Para la singular mirada de Gombrowics, el autor argentino sería así “profundo en soledad y superficial en su trato con el mundo”.

Witoldo sorteó los primeros años de tribulaciones y pobreza hasta hacerse de un trabajo en el Banco Polaco, lo cual le garantizó un poco de dinero y tiempo para continuar la escritura (y para discutir con los amigos, beber y trasnochar en los bajos fondos bonaerenses). Terminó así su segunda novela, Trasatlántico, de 1953, y los cuentos “El banquete” y “La rata” en la colección de historias Bacacay, además de la obra “La Boda” (o “El Matrimonio”) y las primeras páginas de su Diario.

El redescubrimiento y reconocimiento en París de Ferdydurke como “una novela de vanguardia” llegó en 1957; entonces se consolidó el hito literario del escritor europeo ausente, el genio marginado en un país donde sólo era conocido en las tabernas y zonas perdidas de la vida nocturna, entre criminales, artistas radicales, homosexuales y disidentes.

 

Vuelta a Europa

La publicación en 1960 de su novela Pornografía contribuyó aún a expandir su leyenda y a elevarlo, durante sus últimos años en Argentina, a la categoría de escritor de culto. Witold Gombrowicz regresó a Europa en 1963. El 8 de abril se embarcó en el transatlántico Federico Costa en viaje de Buenos Aires a Cannes, Francia, sin sospechar la imposibilidad inminente de no volver jamás a Argentina, a la que consideraba su segunda patria.

“Cuando subí a bordo del ‘Federico’ en la rada de Buenos Aires, tenía a mis espaldas 23 años y 226 días de Argentina (hice la cuenta), y llevaba conmigo, en la valija, el texto de una novela inacabada: Cosmos. (Testamento. Conversaciones con Dominique de Roux).

Su arribo a París, donde pasó apenas unos días, coincidió con la publicación en España de la célebre antinovela de Julio Cortázar Rayuela, donde el escritor argentino reproduce varios párrafos de Ferdydurke, lo cual alentó su fama de genio desconocido y marginal.

El 16 de mayo llegó a Berlín, donde se reunió con escritores, llevó a cabo lecturas de su obra y continuó la escritura de su Diario y su novela Cosmos; por esos días, se editó también en alemán con el título de La seducción su novela Pornografía. En la Polonia comunista se realizaba entonces una campaña contra Gombrowicz “por sus inclinaciones fascistas”, pero la revista Kultura asumió su defensa. En febrero de 1964 se agravó la vieja afección pulmonar del escritor, adquirida desde su adolescencia en Varsovia, y debió internarse en la clínica Higiea, donde pasó dos meses. En busca de un clima más benévolo, se instaló luego convaleciente en la abadía francesa de Royaumont, un centro cultural donde a pesar del asma y la depresión nerviosa asistió a los coloquios sobre psicosociología y sobre Nietzsche.

Allí conoció a la francocanadiense Marie-Rita Labroseé, con quien se casó casi de inmediato. Ella lo trasladó finalmente a la provincia sureña de Vence, junto a los Alpes Marítimos franceses, donde el matrimonio se asentó en definitiva. Witold trabajó ahí en su novela Cosmos, publicada en 1967, pero sus pulmones continuaron deteriorándose de manera irreversible. En 1968 es nominado al Nobel junto con Samuel Beckett y Yasunari Kawabata, quien finalmente obtiene el premio.

Luego de este periplo vital (aristocrática niñez campirana, juventud insatisfecha en Varsovia, bohemia parisina, viaje a Argentina en 1939 vuelto exilio de 24 años, madurez y conversión en misfit de culto, retorno a Europa en 1963 y matrimonio), y de su aventura narrativa (los cuentos de Memorias de la inmadurez reeditado como Bacacay, la legendaria novela Ferdydurke, más Trasatlántico, Pornografía, Cosmos y obras de teatro, crítica y sus Diarios), Witold Gombrowicz convalece en su casa del sur de Francia con su esposa Rita y sus amigos. Es la primavera de 1969 y ya en el último invierno sufrió un infarto. Va a morir pronto y abrevia entonces, para sus amigos y su esposa, su filosofía del outsider moribundo. Dos meses después, el 24 de julio de 1969, muere soñando.

Witold y su esposa la canadiense Rita

 

Witold y su filosofía

Es extraordinario como el escritor polaco entra a saco, mete mano, opina, critica, celebra y revisa las partes nodales de la historia de la filosofía: Descartes, Kant, Schopenhauer, Hegel, Nietzsche, Marx, Kierkegaard, Husserl, Sartre, Heidegger son revisados puntualmente. Gombrowicz abunda sobre todo en el existencialismo (recordémoslo estudiando filosofía a partir de los años treinta, en Varsovia y París, y luego, ya en Buenos Aires, durante los años cuarenta y cincuenta, cuando Sartre y el existencialismo cobraban su mayor impulso).

Para Gombrowicz el proceso de desarrollo de las teorías filosóficas consiste en un proceso de reducción del pensamiento: primero se quiso entender el absoluto, luego la conciencia, más adelante al ser (en sí y en sociedad), luego al fenómeno como lo único realmente existente, y aún más adelante la sola existencia como tal.

Su curso parte de Kant —el sistema kantiano es el inicio del pensamiento moderno, precisa Gombrowicz— pero precisa su antecedente inmediato con Descartes, a comienzos del siglo XVII. Con Descartes comienza el racionalismo y su gran aportación fue someterlo todo a la duda absoluta. “Dudo de todo, pero al dudar estoy pensando, y si pienso existo”, reitera Gombrowicz; no obstante, señala y lamenta “el gran error de Descartes”: tuvo miedo de las consecuencias terroríficas de sus ideas. De cuestionarlo todo, de ponerlo todo en duda, de poner todo entre paréntesis, incluso a Dios. Es su duda absoluta la iniciadora del racionalismo.

Finaliza Gombrowicz: Descartes intentó luego, traicionándose, mostrar la realidad objetiva de Dios y, por tanto, del mundo como creación de Dios. El miedo de Descartes al vacío le recuerda a Gombrowicz el miedo de Sartre a la nada.

Lo más importante en Descartes es El Discurso del método. Su gran idea: eliminar el objeto, concluye el polaco.

 

Continuará con Grombrowicz y Kant.

 

Gombrowicz[1]