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Mesa, de Roman Ondák as seen on july 15 at MK galerie, Rudi-Dutschke-strasse 26, Berlin

Gombrowicz sobre Immanuel Kant (1724-1804)

En su Curso de filosofía en seis horas y cuarto (Tusquets, 2009) Gombrowicz profundiza en Kant, cuyo sistema funda el saber racional organizado científicamente. La gran realización de Kant, la Crítica de la razón pura, es para Gombrowicz más bien una crítica de la conciencia. La conciencia juzgada por la conciencia. Por primera vez la conciencia plantea la cuestión: ¿Cuáles son los límites de la conciencia (de la razón)? Es la conciencia la que se da cuenta de la limitación de nuestra conciencia. Podríamos pensar que retrocedemos un paso para formar otra (segunda) conciencia que juzga a la primera. Pero la conciencia no puede ser juez. Es saber que sabe y nada más. La conciencia es indivisible e incondicional.

En opinión de Gombrowicz, en Kant se da este proceso: la conciencia es juzgada por otra conciencia que ve hacia atrás, pero Kant demuestra que nuestra razón no basta para descubrir lo que él llama el noúmeno. Se pregunta si la razón puede descubrir el objeto en sí, objetivamente, con independencia de nuestras maneras de percibirlo. Nunca podemos saber lo que es el noúmeno, lo absoluto, en sí, independientemente de nuestras percepciones. Estamos limitados al mundo fenomenológico. El fenómeno es lo que yo veo según mi facultad y mi forma de ver las cosas.

Con Kant comienza la gran reducción del pensamiento, insiste Gombrowicz, un proceso que dura hasta nuestros días. La crítica kantiana es una limitación del pensamiento. El pensamiento humano se consideraba capaz de comprenderlo todo. Pues bien, después de Kant el pensamiento sufre una reducción y esta reducción es extremadamente importante. Nuestra razón debe limitarse al mundo fenomenológico.

Gombrowicz precisa: Hoy en día la filosofía no consiste en buscar una verdad absoluta, como la existencia de Dios, sino que se halla más limitada, se limita solamente al mundo fenomenológico. Reemplaza la pregunta: “¿Qué es el mundo?” por “¿Cómo transformar el mundo?” (Marx) y encuentra la expresión más pura en el método fenomenológico de Husserl, que no se interesa en absoluto por el noúmeno sino por el fenómeno.

Sin Kant sería imposible conocer el desarrollo de la conciencia a través de los siglos, él demuestra que sólo la correlatividad del objeto y el sujeto, puede formar una realidad. El objeto tomado por la conciencia para formar una realidad en el tiempo y el espacio.

 

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Kant leyendo para oficiales rusos. Museo Kant, Kaliningrado

Epílogo kantiano

Dice Gombrowicz: Nada ha quedado de estas hermosas teorías de Kant; ni siquiera su clasificación de las categorías y los juicios. Es la suerte de toda filosofía. Ningún sistema perdura. A través de la filosofía la conciencia humana en marcha se descubre a sí misma. Los descubrimientos de Kant fueron formales, pero considerables puesto que revolucionaron absolutamente la concepción de la conciencia, de la relación sujeto-objeto y, por tanto, del hombre y el universo.

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Gombrowicz sobre Arthur Schopenhauer (1788-1860)

Una de las disertaciones más atractivas de Witold Gombrowicz sobre la filosofía se concentra en Schopenhauer. Él adopta el sistema Kantiano y lo rebasa, dice WG. Después de Kant, los filósofos quisieron ocuparse de la cosa en sí, de lo absoluto. Schopenhauer dice: “Nadie sabe lo que es la cosa en sí, pues bien, yo lo sé. Y lo sé por intuición interior” (Un saber directo, no razonado, absoluto).

Según Gombrowicz este razonamiento plantea: El hombre es también una cosa. Por tanto, si yo soy una cosa, tengo que buscar en mi intuición mi absoluto, aquello que soy en mi esencia. Y continúa: “Sé que la cosa más elemental en mí, la más fundamental, es la voluntad de vivir”. Con Schopenhauer, dice Gombrowicz, se abre un nuevo pensamiento filosófico. La filosofía deja de ser una demostración intelectual para entrar en contacto directo con la vida. Este es un momento extremadamente importante, porque abre la vía a la voluntad de poder de Nietzsche y a toda la filosofía existencial. Se trata de la primera vez que la filosofía toca la vida.

La voluntad de vivir de Schopenhauer para WG es más bien de la voluntad de ser: “No solamente el hombre y los animales quieren vivir, sino también la piedra que resiste o la luz que persiste. Habla de una voluntad de vivir metafísica (más allá de la física), de una sola voluntad de ser, absolutamente idéntica, para el ser humano y las cosas”.

Esta voluntad de vivir, de ser, para manifestarse como fenómeno debe estar en el espacio y el tiempo, en el orden numérico de las cosas. Esta voluntad de vivir, de ser, es el noúmeno kantiano, el absoluto, dice Schopenhauer, porque está fuera del tiempo y el espacio, es en sí y puede manifestarse tan sólo cuando llega a ser fenómeno (limitado en el tiempo y el espacio).

Si Kant demostró que no podemos penetrar en el mundo del noúmeno: por ejemplo, es imposible probar la existencia de Dios con un razonamiento. Entonces nuestra razón está limitada al mundo fenomenológico, pero el tiempo y el espacio no están fuera de nosotros; el sujeto pensante los introduce en el mundo; no podemos, por tanto, percibir nada infinito y universal como Dios.

Así, cuando esta voluntad de vivir pasa al mundo fenomenológico, se convierte en un fenómeno limitado en el tiempo y el espacio, se convierte en individual y particular: principium individuationis. La fragmentación, particularización, división en una innumerable cantidad de cosas, de la voluntad de vivir, sucede en el mundo fenomenológico. “Cosas que se devoran mutuamente para vivir”. (El perro devora al gato, el gato al ratón, etcétera).

El gran mérito de Schopenhauer, insiste Witold, fue haber encontrado algo tan decisivo como esto: para sobrevivir (voluntad de vivir, de ser), cada ser ha de habérselas con la muerte, el dolor y la guerra eterna (la individuación de esta voluntad).

 

¿Suicidio?

Nos encontramos en un mundo absolutamente trágico. Se dice que Schopenhauer es un pesimista. ¡Eso es decir demasiado poco!, insiste WG. La de Schopenhauer es al mismo tiempo una visión grandiosa y trágica que coincide, ¡ay!, perfectamente con la realidad.

La naturaleza no se preocupa de los individuos sino de la especie. Millones de hormigas mueren para engendrar la especie. Si un hombre se sacrifica en una batalla, es también por el mismo motivo. Tampoco en el amor puede existir la felicidad personal, porque el individuo queda sacrificado a la especie. Schopenhauer era un misógino furioso por la sencilla razón de que la mujer se encarga de la prolongación de la especie, reitera WG.

El hombre no puede llegar a la felicidad individual. Su voluntad de vivir lo obliga a devorar a los demás o a ser devorado por ellos. Lo que llamamos felicidad o placer no es más que el apaciguamiento de un malestar. (Si sientes placer cuando comes un filete es porque antes tenías hambre).

Así, para Schopenhauer la vida es un malestar continuo y criminal. ¿Cuál es la posibilidad, según él, de salir de este conflicto infernal? ¿El suicidio? No. Éste no sirve de nada puesto que al suicidarnos tan sólo confirmamos nuestra voluntad de vivir. Pues si me suicido es porque mi voluntad de vivir no ha sido satisfecha. La única forma de separarse de la voluntad de vivir es la renuncia: Yo mato en mí mi voluntad de vivir.

Esto condujo a Schopenhauer hacia la filosofía hindú y oriental, que proclama precisamente la contemplación y la renuncia a la vida, pero a Gombrowicz esta tesis le parece un poco artificiosa. Insiste en que la parte dedicada a la filosofía oriental es la menos convincente de la obra de Schopenhauer El mundo como voluntad y representación.

Schopenhauer reconoce entonces dos posibilidades: a) Afirmar la voluntad de vivir participando plenamente de la vida con sus crueldades y sus injusticias. Y b) No el suicidio sino la contemplación. Considera que la contemplación del mundo «como si fuera un juego» es absolutamente superior a la vida.

 

Teoría artística de Schopenhauer, según Gombrowicz:

El artista es aquél que contempla el mundo y queda maravillado con él. En ese sentido el artista se parece a un niño, puesto que el niño también se maravilla del mundo de una forma desinteresada. Por eso, el niño es genial simplemente porque es niño. En los primeros años de la vida se hacen más progresos que en todo el resto de ella. El arte nos muestra el juego de la naturaleza y de sus fuerzas, es decir, la voluntad de vivir. Lo que Schopenhauer opone a la vida es la contemplación. El artista, en general, no actúa conforma los conceptos de la lógica, mediante abstracciones, sino que posee una intuición directa de la voluntad de vivir del mundo. No puede hacerse arte con principios abstractos, con conceptos. (Si tengo alguna cosa que decir sobre algún tema, sencillamente los diré en una conferencia, no en la obra de arte).

La obra de arte no busca lo concreto, pero en lo concreto reencuentra lo universal, la voluntad de vivir. (Pensemos en el avaro de Molière: se trata de un personaje concreto que tiene su vida, su color de cabello, etcétera, pero a través de él podemos ver la avaricia en sentido universal).

El artista (como el genio) no puede vivir de forma normal: siempre tiene algún obstáculo que le impide vivir: enfermedad, anormalidad, achaques, homosexualidad, marginación, rechazo, etcétera.

 

Schopenhauer formula una teoría artística que es, para G la más importante de todas. La forma extraordinariamente ingenua e incompleta de tratar al arte en Francia se debe, ante todo, al desconocimiento de Schopenhauer, asegura. Atribuyo la máxima importancia a la antinomia en el arte. Un artista debe ser esto y lo contrario. Loco, desordenado, pero también disciplinado, frío, riguroso. El arte no es nunca una sola cosa sino que siempre se halla compensado por su contrario.

Los filósofos, salvo Schopenhauer, parecen personas cómodamente sentadas en sus poltronas y que tratan del dolor con un desprecio absolutamente olímpico, desprecio que desaparecerá cuando vayan al dentista y comiencen a gritar: “¡Ay!, ¡ay doctor!”.

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¿Por qué ya no se lee a Schopenhauer?

Gombrowicz mencionas tres razones por las cuales el filósofo nacido en Danzig ya no es actual:

1. La metafísica de Schopenhauer, primera parte del libro, no es válida hoy (“sé que noúmeno es la intuición, la voluntad de vivir”), formulada de esta manera.

2. También, sin duda, el aspecto aristocrático de esta filosofía. Para Schopenhauer hay hombres mediocres y hombres superiores. Insultaba a los mediocres.

3. Su filosofía se oponía a la vida, mientras de Hegel pueden extraerse cosas muy útiles para la política, tal como también de Marx, Schopenhauer buscaba la renuncia, pretendía matar la voluntad de vivir.

 

Coda al hombre de Danzig

Escribe Gombrowicz: Schopenhauer detestaba a Hegel. Decía siempre: “¡Ese zopenco de Hegel!”. Y para desafiarlo, fijó la hora de sus propios cursos en la Universidad de Berlín a la misma hora que los de aquél. El resultado: la sala de Hegel estaba siempre llena y, la suya, siempre vacía…

Así, Schopenhauer y yo nos consolamos bastante bien. Para mí es un misterio que libros interesantes como los de Schopenhauer (¡y los míos!) no encuentren lectores.

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