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Nos acercamos al final de la recapitulación de la historia de la filosofía realizada por Gombrowicz durante un par de meses, poco antes de fallecer en julio de 1969. Sólo falta trazar su visión de Nietzsche y de Marx. Pero antes, el mismo escritor hace un preámbulo destellante, una serie de apuntes breves sobre Heidegger, el existencialismo y la angustia.

El alemán Martin Heidegger (Messkirch, 1889-Friburgo, 1976), fue autor de El ser y el tiempo, pero Gombrowicz añade inmediatamente, “tenía que escribir una segunda parte, pero no supo organizar hasta el final su pensamiento. Un pensamiento difícil y torturado”.

Recuerda WG que el existencialismo consiste simplemente en describir la relación de nuestra conciencia con nuestra existencia; en otras palabras, lo que para el hombre son los aspectos más profundos, más definitivos de la existencia. “Es un método fenomenológico que no se preocupa de Dios, ni del sentido, sino únicamente de lo que se encuentra en nuestra conciencia cuando ésta se confronta con nuestro ser específico, nuestra existencia. Es una ontología fenomenológica”.

En contraste  El ser y el tiempo de Heidegger se pregunta ¿Qué es el Ser? ¿Qué es la existencia? ¿Qué es una forma de Ser? En una segunda parte del libro, que ya no llegó a escribir, insiste Gombrowicz, debió entonces preguntarse ¿Cuál es el sentido de esta existencia?
El escritor polaco hace un rápido repaso de la filosofía de la profesor de Friburgo, para quien el Ser, es el Ser ahí (“ahí abajo”, según define Gombrowicz), ser hombre. Existir como un hombre, no de la forma absurda en que las cosas “son”, sino de la manera trascendente en que el hombre “es” y “va siendo”. No se trata del hombre, sino del ser humano, de la manera de ser, por así decirlo, humana.
Para él, continúa Gombrowicz, el hombre no “es”, ni hay modelos de hombre, sino que se va haciendo hombre en su existencia. Pero si las cosas existen de manera absurda (sin sentido ni conciencia) y el hombre se va haciendo trascendente, a Heidegger le preocupa justamente el sentido de la existencia del hombre, tema que debía explorar en un segundo libro. Es importante, dice el escritor polaco, porque la angustia tiene un papel terrible en el existencialismo y en Heidegger.

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Escribe Gombrowicz:
¿Cómo se define la angustia? El miedo es miedo de alguna cosa. La angustia es el miedo ante la nada, ante el sinsentido, miedo de no dar sentido al mundo y perderse.
Es una experiencia de la nada, y una de las fuentes principales de la manía de la nada que se ha apoderado de forma estúpida de la cultura y la literatura europeas.
Para mí, la estupidez proviene de un extremismo que no es en absoluto la verdadera realidad del hombre, insiste Gombrowicz, y de pronto, este creador radical sostiene:

“El hombre es un ser que tiene necesidad de temperatura media; ni el microcosmos ni el macrocosmos son del dominio humano. La física moderna prueba que leyes perfectamente válidas para el mundo micro y macro no se realizan en nuestra realidad humana. Para el hombre, la línea recta será siempre el camino más corto entre dos puntos, y no la curva, como se ha demostrado en el caso de las dimensiones astronómicas. Pertenezco a la escuela de Montaigne y estoy a favor de una actitud más moderada: no hay que sucumbir a las teorías; conviene saber que los sistemas tienen una vida muy corta y no hay que dejarse imponer por ellos”.

La consideración filosófica general de la nada como una contradicción dialéctica del ser; es decir, primero el ser, y luego su contradicción, la nada, en Heidegger se invierte y es lo que apasiona a Gombrowicz. Para el filósofo alemán, el Ser aparece en segundo lugar, como una contradicción de la nada: primero la nada, y luego su contradicción, el Ser. Esto, para Gombrowicz, conduce a dos cosas:

1.- El hombre, siempre amenazado por la muerte y la aniquilación, se mantiene como una llama que exige ser reavivada y alimentada. El hombre siempre en proceso de ser hombre, reavivado y alimentado ante la posibilidad de su extinción. Y…
2.- La preocupación. La vida humana no está asegurada en absoluto, sino que pide conquistas sin cesar; la vida es conquistar lo que no se tiene. La preocupación constante.

Del “pensamiento torturado” de Heidegger, dice Gombrowicz:
El ser humano está limitado y tiene un final porque, justamente, posee en sí mismo la nada. La existencia auténtica afirma la finitud del hombre. El hombre es esencialmente desgraciado porque es limitado.
La muerte no existe. Cuando la muerte llega uno no sabe que se muere. El hombre es para la muerte. Cuando yo muero, el mundo ya no existe.
¿Angustia?

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