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Luego de varios meses de recuento, abordo las últimas dos entradas de Witold Gombrowicz en su Curso de filosofía en seis horas y cuarto. Corresponden al lunes 12 de mayo de 1969. La primera revisa en términos sucintos la filosofía marxista y la segunda es un apunte breve sobre un par de ideas de la filosofía de Nietzsche.

Hay además una nota final, suerte de anexo o colofón, fechado el domingo 25 de mayo, en el cual Gombrowicz añade puntualizaciones dispersas al análisis realizado con anterioridad sobre Kierkegaard, Hegel y el existencialismo; de ahí avanza hasta apenas enunciar el estructuralismo de lingüista Ferdinand de Saussure y la antropología desarrollada por Lévi-Strauss. Aquí se interrumpe el texto.

El escritor polaco pasó el mes de junio ya muy enfermo. Sobrevivió hasta el jueves 24 de julio de 1969, cuando falleció dormido.

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El final de su Diario

El Diario de Gombrowicz, iniciado en Buenos Aires en 1953, parecía haber finalizado con su tercer volumen, publicado en 1966. No obstante, en los últimos años de su vida, de 1967 a la mitad de 1969, escribió una treintena de páginas más, agregadas luego a la obra final Diario 1953-1969. Hacia la última parte del diario (p. 853 de la edición Seix Barral) hay varias reflexiones filosóficas de WG sobre la conciencia y su objeto, ideas con seguridad escritas de forma paralela a estas últimas reflexiones de su Curso…

Como es sabido, en sus diarios Gombrowicz no escribió sobre su vida íntima ni ahondó en su historia personal, más bien “se consagra a sus obsesiones intelectuales y políticas, a interpretar a los autores y a las escuelas que más lo apasionaban, e incluso, en algunas páginas memorables, intenta cuestionar el gesto de intimidad que comúnmente el género literario del diario presupone”, según nos recuerda el escritor y poeta argentino Michel Nieva (http://www.solesdigital.com.ar/libros/gombrowicz.html).

Hasta aquí, la obra de Gombrowicz parecía recopilada por completo; sorpresivamente, su viuda Rita dio a conocer en Polonia en 2013 una especie de bitácora íntima del escritor con el título Kronos. Son unas 700 páginas ya traducidas al francés y al inglés, pero aún sin versión castellana, donde aparece un Gombrowicz íntimo y revelador, según comentarios en revistas tanto europeas como americanas. “Una pieza absolutamente obscena, incómoda, desubicada. Como lo era él, que sigue provocando a sus lectores”, publicó la revista argentina Anfibia.

“Se trata de una extensa anotación de sus aventuras humanas, del contacto con esa especie que tiende a lo brutal y de la que aborrecía como masa informe”, declaró Rita, hoy de ochenta años. El libro reúne una colección de notas personales desde 1922 hasta mayo de 1969, es decir mes y medio antes de su deceso.

Habremos de esperar la traducción española para continuar con la saga literaria y vital, ciertamente inacabada y al parecer inagotable, del singularísimo escritor.

Finalizo entonces con el apartado sobre Marx.

Marx: No comprender el mundo, sino cambiarlo

Cuando Gombrowicz abandonó Polonia en 1939 era poco conocido como escritor y sólo leído en círculos literarios e intelectuales, donde despertaba curiosidad. Su reconocimiento pleno se daría fuera de Polonia, principalmente en Francia, y ocurriría más de diez años después, a mediados de los cincuenta, cuando su novela Ferdydurke fue por fin valorada en sus novedosos alcances.

En la Polonia comunista de la posguerra las obras de Gombrowicz habían sido descalificadas, lo equivalente a estar vetado en su propio país, y las autoridades culturales describían sus escritos como nihilistas, aristocráticos y decadentes.

Con esos antecedentes, es entendible el repudio del autor polaco hacia el régimen comunista y el socialismo real. Sin embargo, ello no le impidió hacer un análisis breve de la filosofía propuesta por Karl Marx (1818-1883), del materialismo histórico y el materialismo dialéctico, antes de rebatir y expresar su desacuerdo con los aspectos económicos y de organización social perfilados por el marxismo, así como con la idea misma de la revolución y la dictadura del proletariado.

 

Witold puntualiza así las ideas nodales de esa filosofía:

—Marx fue influenciado por Hegel, pero muy joven terminó por alejarse de él a causa del elemento abstracto, la lógica abstracta hegeliana no lo satisfacía.

—Aunque tomó mucho de Hegel, Marx cambió el sentido de la filosofía, al proponer como problema central del filósofo no comprender el mundo, sino cambiarlo.

—Marx tomó la idea hegeliana del devenir, el proceso dialéctico de tesis-antítesis-síntesis, para proponer la idea de la historia que se realiza con estas antinomias.

—Marx negaba la “filosofía aristocrática”, hecha por hombres al margen de la vida, y exigía una filosofía hecha a la medida del hombre medio, el hombre con necesidades inserto en la vida social y material.

 

Gombrowicz destaca tres aspectos la concepción marxista del mundo:

Primero: El materialismo marxista constituye la negación del idealismo, de toda metafísica, de todo recurso a las ideas. “No hay más que la realidad brutal y concreta de la vida”. Sobre todo, niega la religión, a la que considera un producto de los hombres para “huir ante el peligro”, y un instrumento de la clase superior para dominar a la clase inferior.

Segundo: El marxismo se define con base en la concepción de que “el ser condiciona la conciencia”. Para un filósofo clásico, añade WG, la conciencia era algo primario, elemental. Todo era para la conciencia y nada podía condicionarla. Marx procede así a una nueva reducción de la razón humana. Se trata de una reducción sociológica del pensamiento. “La conciencia está condicionada por la existencia”. Esto significa que la conciencia está en función de nuestras necesidades; la conciencia es ante todo, función de la historia humana.

Tercero: En consecuencia, la necesidad es el motor creador del valor.

 

Sobre la historia en la concepción marxista, Gombrowicz destaca la necesidad de dominar técnicamente la naturaleza como el motor de la historia, lo cual ha permitido a la humanidad organizar una sociedad y un Estado como un sistema de producción de bienes. Esta organización implica para Marx el sometimiento de unos hombres a otros, es decir la explotación. Aquí la noción de base del marxismo: la masa de los explotados.

Para Marx, sobre esta base de los explotados se levanta la clase dominante que forma la superestructura responsable de crear la filosofía, la religión, la moral, la ley. En una palabra: organiza la conciencia para mistificar la realidad y para mantener al esclavo en su esclavitud.

A partir de esta concepción, Grombrowicz explicita la teoría marxista de la plusvalía como parte nodal de la lucha de clases y sintetiza la idea de la revolución:

“El gran capital devora al más pequeño y se concentra en un grupo muy reducido de hombres. Marx preveía que a causa de esta evolución del capital, por una parte se formaría un reducido grupo de millonarios y, por otra, una masa enorme de proletarios explotados. Por ello se produciría la revolución proletaria como una necesidad inevitable”.

 

Ante esta idea, Gombrowicz indaga ¿Adónde ha llegado el marxismo en 1969?), y responde: La gran crisis del marxismo surge porque se trabaja mal y se produce muy poco (como se ha comprobado en los países del Este). ¿Por qué?, insiste el polaco, su respuesta es pragmática: “La vida es ruda”, dice, “si no se obliga a los hombres a trabajar, naturalmente no trabajarán”.

Curiosamente y muy en el contexto del auge capitalista de la posguerra, Gombrowicz piensa en la producción de la riqueza como lo más importante, y en su distribución como algo secundario. “Los países socialistas están en bancarrota porque nadie tiene interés en producir ni en obligar a los demás a hacerlo, pues no hay ningún interés en juego”. ¿Los chinos?, se interroga: “¡Puro estalinismo! Cada chino, en los reportajes sobre China, grita como un soldado. Es de pánico”.

 

Si bien admite que el pensamiento marxista ha servido sobre todo para desenmascarar una inmoralidad, en general ese pensamiento filosófico le parece utópico, un camino sin salida. “La cuestión marxista ha sido mal planteada, porque lo ha sido desde el punto de vista moral de la justicia, cuando le verdadero problema no es moral sino económico. Dentro de veinte o treinta años, el marxismo será puesto de patitas en la calle”, asegura Wombrowicz.

Insisto en el contexto del auge capitalista de la posguerra desde el cual habla e escritor polaco, pues aunque la crisis de 1968 ya se perfilaba, Witold no tuvo ya la energía para vivirla, apreciarla y reflexionar sobre ese cambio.

“En un sentido filosófico, el marxismo no propone una idea precisa del mundo, sino sólo una liberación de la conciencia para que pueda reaccionar de una forma auténtica y no deformada ante el mundo y el hombre”, finaliza en sus apuntes.

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El jueves 24 de julio de 1969 Witold Gombrowicz falleció dormido en su cama a los 65 años. Se recuperan aún varios de sus escritos y en Argentina su reivindicación es cíclica y no se ha detenido. Este año se formó una asociación de intereses intelectuales con el fin de reivindicar y continuar indagando en la obra del artista. Esta lúdica y divertida reunión de afinidades (de la cual este crítico es orgulloso y risueño seguidor) se llama Congreso Gombrowicz y organiza distintos actos dignos de la “performática” figura del artista.

 

Las direcciones electrónicas pertinentes para los interesados son la bitácora dedicada a su voz y su obra Ferdydurke: http://witoldgombrowicz.blogspot.mx/

El Facebook https://es-la.facebook.com/congresogombrowicz/

El tweeter @CongresoWG