Todo lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir aquello que sin ese libro, él no podría ver de sí mismo. El hecho de que el lector reconozca en sí mismo lo que dice el libro es la prueba de la verdad de este, escribe Marcel Proust

En la consideración de una obra literaria resulta imprescindible valorar no sólo el texto presente en ella sino, en igual medida, el acto de su recepción. El crítico Roman Ingarden contrapone “la estructura de la obra” y los modos de su “concreción” referidos específicamente al acto de la lectura.

El texto sólo existe como obra en su concreción, en su lectura. El texto creado por el escritor existe como fenómeno artístico y el texto (re) creado por el lector existe como fenómeno estético. La obra literaria no puede identificarse de manera parcial sólo con alguna de estas dos partes, el texto creado por el autor, por un lado, y la mera lectura, por otro.

La escritura y su posibilidad como obra de arte sólo pueden darse en el espacio virtual donde convergen ambas posibilidades: la realidad del texto y la estructura de la obra, con la realidad del lector y sus personales disposiciones y condicionamientos.

El texto se actualiza por la actividad de la conciencia que lo recibe, se constituye en la conciencia del lector. “El verdadero respeto a la comprensión del lector es compartir el asunto amigablemente, y dejarle, a su vez, que imagine también algo. Yo hago lo que puedo para que su imaginación esté tan activa como la mía”, escribe Laurence Sterne.

El lector “concreta” el texto leído cuando a su imaginación le revela una verdad del mundo y esta se incorpora a su personal experiencia vital. Se constituye en su conciencia. Es cuando la escritura desborda las páginas y se convierte en experiencia, en vida.

El castellano delirante por la lectura caballeresca, el traicionado príncipe danés –tan lector él mismo–, y ese Juan Preciado en busca del padre existen en la vida real por lo que de verdad hay en ellos.