“Cerrar los puños, bajar la cabeza y seguir luchando”

 

Jose-Revueltas-Lecumberri-1[1]     En Lecumberri

 

La polémica figura de José Revueltas ha sido durante años un hito en México, al encarnar como pocos personajes de nuestras letras la problemática y los conflictos existenciales, artísticos y políticos definitorios del arte y la cultura del siglo veinte.

Los problemas vitales de enfrentar la pobreza, la incapacidad familiar, la dipsomanía, la incomunicación, la necesidad del amor, de la solidaridad y del reconocimiento en los otros. Los cuestionamientos existenciales sobre el sentido trágico de la vida, la inexistencia de Dios y el absurdo destino de una humanidad irredimible. Los problemas creativos de lograr una estética para su arte literario teñido de dolor y amargura. Los problemas políticos de ser perseguido y encarcelado por los regímenes de la Revolución Mexicana, y además los conflictos de ser juzgado y degradado por la propia izquierda y los miembros del Partido Comunista, cuya ciega ortodoxia acabó por expulsar al rebelde. Si el rasgo que define al arte y la cultura del siglo veinte es precisamente la crítica, Revueltas personifica en su estampa de Rasputín alucinado la encarnación de la crítica hecha ser humano.

Nacido en Santiago Papasquiaro, Durango, el 20 de noviembre de 1914, José Revueltas fue miembro de una extraordinaria familia de artistas conformada por sus hermanos: el músico Silvestre (1899-1940), el pintor Fermín (1905-1935) y la actriz Rosaura (1920-1995). No había cumplido aun quince años cuando fue procesado por rebelión, sedición y motín, y fue internado en un reformatorio. A los veinte fue enviado al penal de las Islas Marías acusado de conducta subversiva, experiencia que rescatará en su primera novela con un título terriblemente hermoso: Los muros de agua (1941). En 1928 ingresó al Partido Comunista Mexicano, del que fue expulsado en 1943, mismo año de la publicación de su novela El luto humano, donde emplea elaborados procedimientos estilísticos y técnicas innovadores, anticipatorias de los problemas filosóficos y formales de la novela contemporánea. La obra, sin embargo, fue repudiada por los comunistas quienes la calificaron como “decadente y desesperanzadora”.

Sus desacuerdos con la burocracia política del Partido están reflejados en sus novelas Dios en la tierra (1944), Los días terrenales (1949) y Los errores (1964), y en su obra de teatro El cuadrante de la soledad (1950), cuya exitosa representación en el teatro Arbeu se vio obligado a suspender a petición del Partido. Encarcelado numerosas veces por sus ideas, dejó también testimonio de esas experiencias en su novela El apando (1969) donde narra su paso por la penitenciaría de Lecumberri tras participar en el movimiento estudiantil popular de 1968.

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La radical y atribulada existencia de José Revueltas estuvo entonces marcada por la pobreza y las estrecheces económicas, por la vida carcelaria, el rechazo, la marginación y el áspero recorrido por los sótanos de la violencia y la intolerancia políticas. Vivió además una entregada, sufrida y luego crítica militancia comunista que lo enfrentó a los dogmas inapelables de la Revolución. Su vida fue teñida también por culpas y autoflagelaciones, por el alcohol y por una especie de ateísmo extremo, una suerte de inversa fe religiosa en la inexistencia de Dios, mientras alentaba a la vez su certidumbre metafísica en la liberación del hombre y del proletariado. Su vida encontró así en la acción política y el sacrificio la única vía de redención personal.

Por otra parte, su difícil y descarnada obra literaria es una vasta y dolida documentación de los años terribles de la persecución política estalinista y partidaria, del encierro carcelario, la hostilidad policiaca, la violencia y obscenidad en los extremos sociales de la miseria, la delincuencia, el crimen, la degradación, el oprobio. Todo visto con una mirada sobrenatural que extrema y sacraliza el realismo de la narración. Aun más profundamente, su obra se perfila como una dolorosa interrogante sobre el sentido de la existencia vista en su desamparo y desnudez más absoluta; sobre el vacío irredimible en el que el hombre está condenado a vivir, y sobre la imposibilidad de la realización personal y social.

Esta intrincada complejidad vital e intelectual revueltiana, regida por la imposibilidad de separar su vida de su obra, su biografía de su creación literaria, dificultó durante años el acercamiento al camarada Revueltas y a su arisca obra que no se entrega ni fácil ni amablemente, sino con amarga dificultad. Revueltas el hombre se convirtió así en un personaje recurrente —pero minoritario y de culto—, para la indagación y la discusión en los círculos de especialistas y revueltólogos, entre la intelectualidad y la izquierda mexicanas. Se le mitificó y alabó, se le juzgó y denigró, se le admiró o rechazó con base en información fragmentaria y discontinua de su vida o a partir de los variados conflictos, prejuicios e incomprensiones que suscitó su obra —reconocida en 1967 con el premio Xavier Villaurrutia. Apenas después de su muerte en 1976, comenzaron a surgir valiosos intentos por desentrañar sus enigmas y contradicciones vitales, por analizar sus escritos políticos y los motivos, técnicas e intenciones estéticas y artísticas de su extensa, irregular y polémica creación literaria.

A ello contribuyó la publicación de sus obras por Emmanuel Carballo en Empresas Editoriales, pero más notablemente la serie de sus obras completas editada a partir de finales de los setenta por Era en una treintena de documentados volúmenes: once tomos de novelas, cuentos y relatos; ocho de escritos teóricos y políticos; varios volúmenes más de obra miscelánea con teatro, textos periodísticos, crónicas, reseñas y algunos ensayos sobre cine; además de un volumen de entrevistas. Asimismo, escritores y críticos profundizaron en la indagación de su escritura contribuyendo a la clarificación de su peculiar figura. Entre los ensayos pertinentes destacan los de José Luis Martínez, Evodio Escalante, Carlos Monsiváis, José Agustín, José Joaquín Blanco y el trabajo literario de Álvaro Ruiz Abreu para la publicación de su libro José Revueltas. Los muros de la Utopía (Cal y Arena, 1990) sin duda la más vasta biografía del complejo artista mexicano del siglo veinte.

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De entre tantos odios y fervores suscitados por la vida y la obra de José Revueltas, resultaba difícil obtener una visión suya humanizada, desprendida de la mitificación o la admiración acrítica, y ajena a la perspectiva simplificadora que limitaba su literatura a su “lado moridor”, o a los tonos ejemplarizantes del héroe positivo y épico del socialismo. Ante el centenario de su nacimiento y a través de múltiples textos, podemos hoy acercarnos a una figura de cuerpo entero de Revueltas; pero el lector debe estar consciente de la imposibilidad de salir indemne de esta aventura, porque leer a Revueltas o acercarse a su vida resulta muchas veces espeluznante. El artista encarnó tan profunda y radicalmente en su ser la crítica al régimen político mexicano, al Partido Comunista, a la izquierda, y a la existencia trágica del hombre en general; y además padeció tan injusta y bárbaramente las consecuencias de esta actitud, que su cuestionamiento sigue vivo, inflamado, quemante. Su incendiaria existencia alcanzó tal temperatura que en un descuido su fuego puede abrasarnos y hacernos arder con él.

Esta visión completa del amplio horizonte vital de Revueltas no evade ya los temas duros y ásperos de su alcoholismo y su incapacidad familiar, y no le saca el bulto a los graves asuntos del estalinismo y la conducta intolerante y dogmática de muchos comunistas mexicanos. Así podemos penetrar en el fondo de la vida de Revueltas, donde conviven sus facetas oscuras con la luminosidad y generosidad de su espíritu de sacrificio, su aliento artístico y literario, su rebeldía y su crítica radicales, su extraordinaria capacidad de trabajo, su inolvidable humor irónicamente intelectual, y su incansable lucha política y existencial, su impresionante, hipnótico poder narrativo.

También lo reencontramos en las descripciones metafóricas con que ha sido descrito: ángel caído o sucio, demonio fáustico, monje comunista, santo bebedor. O lo reconocemos y revaloramos en los distintos papeles que jugó en la vida: militante, prisionero, teórico, filósofo, activista, escritor, periodista, bebedor, anarquista, hijo, hermano, padre y esposo, pero siempre regresamos a José Revueltas el hombre, para verlo de cuerpo entero, rotundamente humano en sus diversas contradicciones, en sus angustias y sus errores, en sus logros y sus plenitudes. Y cuando por momentos lo observemos despedazado por la soledad, la marginación, la culpa o el desconsuelo, tengamos presente que al instante siguiente lo veremos recoger sus propios pedazos y rehacerse a sí mismo para erguirse, mirar de frente tras sus espejuelos y su melena leonina, y llamarnos a “cerrar los puños, bajar la cabeza y seguir luchando”.

 

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