Trabajos de amor dispersos

tumblr_lubkc9wy7j1qe31lco1_1280[1]

 377a8845ac85dc99c35c324e6b403e5c[1]

 En 2003, dentro de su colección Letras de Humanidades, la editorial Crítica de Barcelona publicó y distribuyó en España y América el libro Trabajos de amor dispersos. Conferencias sobre Shakespeare de W. H. Auden, en una muy esforzada traducción de Gonzalo G. Djembé. (El libro se puede descargar en PDF, EPUB, MOBI o Kindle en http://qanaalfonso.blog.interia.pl/?id=3062925)

El título en castellano se deriva de manera obvia de la obra shakesperiana Trabajos de amor perdidos, considerada por Auden “no como la mejor obra de Shakespeare pero sí como una de las más perfectas”.

Esta traducción española fue el último eslabón del dilatado proceso de edición del libro original en inglés, W. H. Auden. Lectures on Shakespeare, publicado en el año 2000 por The Estate of W. H. Auden. El volumen fue reconstruido a partir de las conferencias sobre Shakespeare impartidas por W. H. Auden en Nueva York en 1946-47, y luego cuidadosamente articulado por el profesor emérito de la Universidad de Virginia Arthur Kirsch (1932), un apasionado estudioso de Shakespeare así como del propio Auden, como lo demuestran sus libros The Passions of Shakespeare’s Tragic Heroes (1990), Shakespeare and the Experience of Love (1991), y Auden and Christianity (2005), además de la edición del largo poema de Auden, The Sea and the Mirror: A Commentary on Shakespeare’s “The Tempest” (2005).

La introducción al libro escrita por Arthur Kirsch es un relato detallado e inteligente del complejo proceso de elaboración, edición y publicación de estas conferencias a partir de su búsqueda, hallazgo y reconstrucción. La narración es de enorme interés y en ella abundan las “astucias literarias” tanto de Kirsch como desde luego en las citas de Auden.

Era apenas el inicio de la posguerra, el auge económico estadunidense se desarrollaría a partir de 1945-46 con el Plan Marshall y la reconstrucción europea financiado por los bancos y por Washington; soplaba el aliento esperanzador de la paz y el impulso intelectual de la migración de escritores y artistas europeos hacia las ciudades principales del este de la Unión Americana: Nueva York, Boston, Filadelfia, Baltimore.

El sueño americano “moderno” estaba por comenzar y en ese entorno entusiasta y prometedor, un Auden lúcido, inteligente y modesto, desarrollaría un curso excepcional sobre la obra de William Shakespeare en la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales de Nueva York. Hay que imaginarse aquel entorno y el espacio abierto para el intercambio intelectual del momento, y ubicar ahí esta aventura amorosamente literaria.

Como una modesta contribución a las celebraciones por los 450 años del nacimiento de William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido 26 de abril de 1564 – 23 de abril / 3 de mayo de 1616), y como una muestra de admiración por el extraordinario poeta Wystan Hugh Auden (York, Inglaterra 1907-Viena, Austria 1973), ofrezco aquí fragmentos de ese prólogo narrativo junto con mis comentarios y observaciones sobre lo que en realidad, más que “trabajos de amor perdidos” (título de la obra shakesperiana) o “trabajos de amor dispersos” (título del libro en español), me parecen literarios “trabajos de amor reunidos”.   k6910[1]

Trabajos de amor reunidos

 

La aventura intelectual se inició el viernes 27 de septiembre de 1946, cuando el New York Times publicó en la página 21 de su sección “Books and Authors”, el siguiente anuncio:

 “A partir del miércoles 2 de octubre, el poeta y crítico W. H. Auden impartirá un curso sobre Shakespeare en la New School of Social Research. El señor Auden ha indicado que a lo largo de este curso se leerán todas las obras dramáticas de Shakespeare en orden cronológico”.

 El requisito para asistir al curso era desde luego la lectura de las obras —una por semana—, sobre las que Auden disertaría y conversaría con los participantes. Según el testimonio de Bernardine Kiltey (Book of the Month Club News, NY, diciembre 1946), las conferencias fueron “tremendamente populares” y el auditorio de la New School en Greenwich Village “se llenó hasta el tope”. Las entradas para las conferencias se vendían en la puerta y asistían a ellas hasta 500 personas por sesión.

La New School se encuentra hasta ahora en el número 66 Oeste de la calle 12, en Nueva York, y W. H. Auden residía también en esa zona de Greenwich Village. Habitaba un departamento más jodido que espartano ubicado en el 77 de St. Mark’s Place, en donde, según describió Hannah Arendt, lo visitaban T. S. Eliot, Igor Stravinsky, Allen Ginsberg, Robert Graves, Christopher Isherwood y Oliver Sacks, además de marineros, traficantes de baja estofa, alcohólicos, adictos y ladrones asiduos al sitio y al poeta.

hqdefault[1]

77-St.-Marks-Place[1]

Departamento de Auden en Greenwich Village y el auditorio de la New School of Social Research en NY

La reunión introductoria al curso se efectuó aquel anunciado miércoles 2 de octubre de 1946, y la serie de conferencias de análisis se inició propiamente el miércoles siguiente, 9 de octubre, con la obra Enrique VI. Las sesiones continuaron con frecuencia semanal durante “dos semestres” académicos (en realidad casi ocho meses) hasta el 14 de mayo de 1947. Para los inscritos oficialmente al curso, Auden propuso además reuniones los sábados a partir de las 2 de la tarde para debatir la obra shakesperiana.

En total Auden analizó 32 obras —de manera cíclica se discute sobre el número total de obras de Shakespeare, pero de acuerdo con el First Folio publicado en 1623, ocho años después de la muerte del autor, se contabilizan 36 obras históricas, trágicas y de comedia. En el curso Auden no abordó la obra Tito Andrónico ni Las alegres casadas de Windsor, sobre esta última, señaló como su única virtud haber inspirado a Verdi a crear una obra tan magistral como Falstaff, por ello, en la correspondiente sesión del curso, reprodujo una grabación de esa ópera italiana. Pero además de las obras, Auden (siendo él mismo poeta no habría de resistirse) analizó con profundidad los sonetos del dramaturgo nacido en Stratford-upon-Avon en 1564. Para toda la serie de lecturas tomó como base una de las más fieles y célebres ediciones de la obra del isabelino: The Complete Works of Shakespeare, de George Lyman Kitteridge (Ginn and Company, Boston, 1936).

500x403xBerkson13.jpg.pagespeed.ic.EPrjl2xJec[1]

Cuando comenzaron las conferencias, Wystan Hugh Auden (York, Inglaterra 1907-Viena, Austria 1973) tenía 39 años, era un poeta reconocido con una quincena de libros, entre ellos su poesía completa (1945), tres obras de teatro y varios ensayos célebres. También era ya un extraordinario profesor con experiencia en escuelas y academias importantes en la Gran Bretaña y, a partir de 1939, cuando emigró a Estados Unidos, también conferencista asiduo en la Liga de Escritores Americanos, en la misma New School, en la Universidad de Michigan y en media docena más de instituciones donde daba clases y seminarios.

Puede inferirse que Auden, siendo de manera primordial un poeta, aceptó este trabajo por la misma razón que escribía prosa: dinero. No obstante, su trabajo fue mucho más allá de lo esperado. No hay impaciencia, facilismo ni simulación en sus lecturas shakesperianas, y no sólo cumplió con extraordinaria exigencia intelectual con el curso sino que sacrificó también sus tardes sabatinas para profundizar en la discusión y el debate con los participantes. De seguro le tomó dedicación y tiempo preparar las lecturas, elaborar una reflexión crítica sobre ellas y luego ofrecer ésta de manera estructurada y coherente a los asistentes a sus conferencias. Pero el poeta no dejó ningún registro sistematizado de ese trabajo ni escribió con rigor ensayístico sobre sus lecturas shakesperianas, más bien partió siempre de apuntes tomados en hojas sueltas (y luego desechadas) y notas y observaciones escritas sobre el mismo ejemplar de su libro de Kitteridge.

Se infiere de igual forma que jamás pensó en trabajar en un libro con el curso completo de sus conferencias shakesperianas, aunque algunos de los elementos del análisis crítico desarrollado ahí se amplían y profundizan en sus obras posteriores, como los ensayos del volumen The Dyer’s Hand de 1962, en donde reaparecen más elaboradas sus apreciaciones sobre varios personajes como Otelo, Iago y Falstaff, y sobre temas como la visión cristiana de Shakespeare —una de las obsesiones del Auden religioso. (The Dyer’s Hand fue publicado en 1974 por Seix Barral como La mano del teñidor, y en una mejor traducción, Lumen compiló estos y otros ensayos de Auden en El arte de leer, en 2013).

 Shakespeare_Dude_(3)[1]

RECONSTRUCCIÓN DE LAS CONFERENCIAS

A mediados de los años noventa el crítico literario estadunidense Arthur Kirsch (1932), profesor emérito de la Universidad de Virginia y narrador de la historia que aquí sintetizo, se interesó en rescatar las célebres conferencias de Auden sobre la obra shakesperiana por su segura aportación intelectual para el mejor conocimiento e interpretación de la obra del dramaturgo. Buscó entonces la posibilidad de reconstruirlas y editar un volumen con el curso completo, para lo cual requería localizar las notas, los testimonios y materiales pertinentes, si acaso existían, y ensamblarlos en una reconstrucción fidedigna.

El crítico se dirigió entonces al albacea literario del poeta, el profesor de la Universidad de Columbia Edward Mendelson, quien le dio noticia de la existencia de unas transcripciones muy apegadas al curso original realizadas por Alan Ansen. Estas notas las encontró Kirsch en la colección Berg de la Biblioteca Pública de Nueva York y consistían en cuatro cuadernos escritos a lápiz más una serie de anotaciones transcritas a máquina sobre los Sonetos.

Ansen había tomado apuntes de todas las conferencias excepto de la introductoria y las dedicadas a las obras Noche de reyes, Hamlet y A buen fin no hay mal principio. Según Kirsch, salvo unas pocas páginas borroneadas y en ocasiones indescifrables, referidas a las obras Como gustéis y La Tempestad, “los apuntes eran de fácil lectura y excepcionalmente detallados”. En el trascurso de las conferencias Alan Ansen no sólo se convirtió en amigo personal de Auden, sino incluso trabajó los siguientes dos años como su secretario e investigador literario. En esos apuntes guardados por la biblioteca también se encontraban las transcripciones de sus pláticas con Auden, material que sirvió de base a Ansen para su libro The Table Talk of W. H. Auden (Sea Cliff Press, New York, 1989). A su vez, Auden dedicó a su secretario su libro The Enchafed Flood (1950). Alan Ansen Viewing Grand Canal

Alan Ansen (Long Island, Nueva York 1922-Atenas, Grecia 2006), fue un poeta y dramaturgo cercano a la generación beat estadunidense. Incluso su figura es llamativo personaje en varias de las obras de ese grupo de escritores: es Rollo Greb en la novela de Jack Kerouac En el camino; AJ en Almuerzo al desnudo, de William Burroughs, y Dad Deform en American Express, de Gregory Corso; fue también amigo cercano de Allen Ginsberg y pasó temporadas en casa de Paul Bowles en Tánger, antes de trasladarse a vivir a Grecia a mediados de los años sesenta. (Denise Enck. “In Memory of Poet Alan Ansen: Biography, Books & Links”, Empty Mirror. http://www.emptymirrorbooks.com/beat/ansen.html).

 

En esa misma Colección Berg de la Biblioteca Pública de NY Arthur Kirsch encontró además un segundo conjunto de anotaciones —menos fidedigno, reporta— escrito por el poeta, escritor y crítico Howard Griffin, sucesor de Ansen como secretario de W. H. y quien a su vez publicó en 1950 sus célebres Conversaciones con Auden. Sus anotaciones estaban pasadas a máquina pero fueron conformadas mucho tiempo después del curso, por lo tanto discrepan y se diferencian en varios puntos de las notas más fieles de Ansen y, en algunos pasajes, son incluso opuestas o contradictorias, por lo cual Kirsch asegura haberlas tomado con reserva.

FS_2546[1] En la biblioteca de la Texas Tech University, de Lubbock, Texas, se conserva otra fuente importante de la reconstrucción de las conferencias de Auden: su ejemplar de Las obras completas de Shakespeare en la edición realizada por G. L. Kittredge. Auden marcó con lápiz en los márgenes de este libro los pasajes que más le interesaban de cada obra y, de igual forma, marcó con tinta azul otras partes destinadas a las conferencias. La mayoría de las citas de Shakespeare atestiguadas por Ansen se destacan en ese ejemplar de Kittredge, mientras en las páginas de Hamlet y La tempestad hay anotaciones a lápiz, con frecuencia ilegibles, que sirvieron como base a las discusiones de los sábados por la tarde. Sobre estos debates sabatinos Ansen también tomó notas, aunque “resultan muy esquemáticas”, aclara Kirsch.

Para una más precisa y documentada reconstrucción de las conferencias, Arthur Kirsch publicó además, en el New York Times del 11 de octubre de 1998, una solicitud para establecer contacto con personas que hubieran asistido al curso original cincuenta años atrás. Entre quienes respondieron, Helen Lowenstein y Bea Bodenstein, ambas de Nueva York, enviaron a Kirsch una copia mecanografiada de sus anotaciones. Las dos se habían incorporado al curso en el segundo semestre, iniciado el 5 de febrero de 1947 con el análisis y discusión de la obra Noche de Reyes, y sus apuntes aportaron detalles y observaciones interesantes ausentes en las notas de Ansen. Al reconstruir estas disertaciones, Kirsch asegura haberse empeñado en preservar la voz de Auden, quien insistió siempre en la crítica literaria como “un diálogo vivo”.

Aún para mayor precisión Kirsch añadió también tres importantes apéndices. El Apéndice I contiene las notas de Ansen sobre los debates sabatinos de las obras shakesperianas. Estas reuniones se ocupaban de gran variedad de actividades, desde la lectura de las obras en voz alta por parte de los estudiantes hasta ejercicios de análisis de los temas recurrentes del dramaturgo.

El Apéndice II reproduce el examen realizado a los asistentes al curso al finalizar el primer semestre. Se distribuyó multicopiado a los participantes e incluye un añadido a lápiz dictado luego por Auden. Este examen tenía dos apartados: en el primero se pedía identificar claramente 35 pasajes de las obras de Shakespeare ahí anotados (¿Quién lo dice y a quién; cuándo y dónde lo dice?). El segundo apartado requería escribir 20 versos de memoria pertenecientes al material tratado en el curso con la indicación clara de la obra y el personaje a que pertenecían. Según el diario de Ansen, hubo otro examen al finalizar el segundo semestre, pero no se pudo recuperar. En él, además de pedirse la identificación de versos y pasajes —recuerda—, Auden pedía explicitar el significado de varias palabras en las obras Hamlet y La tempestad (según expertos, Shakespeare introdujo al idioma inglés alrededor de mil 700 términos). La mayoría de estos comentarios filológicos parten del Oxford English Dictionary y de las ediciones Variorum de esas dos obras

El Apéndice III contiene enlistadas las indicaciones de Auden escritas en el mencionado ejemplar de Kittredge: líneas al margen, subrayados, puntualizaciones mediante guiones, utilización de lápiz o tinta para resaltar párrafos, enumeración de pasajes y frases anotadas, y señalamientos de escenas particulares destacadas con tinta.

 w_h_auden[1]

LAS CONFERENCIAS

Como señalé antes, en el momento de las conferencias W.H. se acercaba a los cuarenta años y experimentaba una etapa productiva extraordinaria. Sus libros de poemas New Year Letter (1941) y For the Time Being (1944) circulaban con amplitud mientras sus Poemas escogidos (1945) eran leídos con veneración. Durante el año de las conferencias publicó además su muy célebre The Age of Anxiety (1947), y se concentraba en la escritura de su largo poema El mar y el espejo (comentario a la obra “La Tempestad”, de Shakespeare), muestra de sus extraordinarias capacidades poéticas. Por si fuera poco, se agotaba escribiendo prosa. Se han descrito los periodos de escritura de Auden como estados de aislamiento y concentración casi autista: olvidaba comer, no se interesaba en asearse o mudar de ropa, no recibía amigos y cuando lo hacía no les prestaba atención. Si a esto agregamos el compromiso de las conferencias sobre Shakespeare podemos imaginarnos a un Auden absorto, dedicado sólo a escribir y leer.

  Con este impresionante bagaje, las conferencias sobre Shakespeare alcanzaron una potencia intelectual destellante, pues como escribió Clive James en su ensayo de despedida al poeta (1979): en Auden “está presente la historia cultural completa y viven y dialogan entren sí todos los artistas del pasado”. Kirsch añade que en estas disertaciones “el espectro de sus intereses y sus referencias a los otros escritores que poblaban su pensamiento es prodigioso: se extiende de Homero a T.S. Eliot, e incluye tanto un número inusual de literaturas europeas como la ópera, los periódicos y revistas contemporáneas, las películas y los chistes gráficos, todo lo que da fe de su universo intelectual inmenso, abarcador e integrado”.

En estas conferencias Auden cita con frecuencia a Kierkegaard, el filósofo danés del que en esa época le atraían de forma particular sus disertaciones teológicas. Además, aparecen con mucha frecuencia citas de San Agustín (La ciudad de Dios y Confesiones), Dante (Divina Comedia), Pascal (Pensamientos), Ibsen (Peer Gynt) y el mismo Mozart (La flauta mágica).

shakespeare-shades[1] El sofisticado y reflexivo intelecto de Auden se percibe a través de sus comentarios profundos de apreciación de la obra de Shakespeare, pero también mediante enfoques absolutamente modernos y refinados de los temas clásicos shakesperianos: el amor (traicionado, incestuoso, malogrado, capaz de un crimen), el deseo sexual, la amistad, el perdón, la mezquina villanía, la redención, la idea de la justicia (humana, divina, monárquica), la guerra, la responsabilidad individual (de la propias acciones, de las consecuencias de ellas, e incluso de las reacciones que provocamos intencionadamente en los demás), la autoridad del Estado monárquico, la fe religiosa, la vejez, el libre albedrío, el destino.

Las lecturas constituyen una antología de los mejores y más reveladores pasajes de las obras del dramaturgo inglés, pero a la vez muestran al propio Auden, su experiencia intelectual y vital, sus concepciones sobre la religión y la sexualidad (él mismo era anglicano y homosexual), sobre el destino y Dios, y sobre el hombre entramado en su propio drama, su personal comedia o sufrida tragedia.

En su prólogo introductorio Kirsch destaca en particular varios conceptos que al haber influido de manera determinante en las ideas sociales, morales y literarias de Auden sirvieron como ejes o coordenadas para su análisis de la dramaturgia de su compatriota. Una de estos ejes centrales es la relación dialéctica establecida por Auden entre el cristianismo (en su concepción ética) y el sicoanálisis freudiano que había estudiado de forma ecléctica. Esta relación desembocó en la concepción de una “psicología cristiana” planteada por Auden como un ángulo de enfoque e interpretación de las acciones de los personajes en las obras se Shakespeare.

Screen-Shot-2014-04-23-at-13.56.28[1] Las conferencias perfilan con claridad estos sofisticados instrumentos intelectuales de interpretación manejado por Auden para profundizar la comprensión de la obra de Shakespeare: “Uno de los rasgos característicos de las conferencias es que Auden imagina y designa sin cortapisas a estos personajes con los que Shakespeare puebla su teatro como «gente», y se acerca a ellos a través de una perspectiva múltiple que abarca una convicción cristiana (los trágicos héroes pecadores en busca de redención) una psicología integradora (psicoanálisis freudiano) y la inserción en la sociedad (responsabilidad moral ante los otros y relación de mutua interdependencia); este conjunto lo capacitó para apreciar la obra de Shakespeare con una combinación inusual de empatía y razón crítica”.

 Portrait-Auden[1]

CONVICCIÓN CRISTIANA

En la conferencia final del curso de lecturas, Auden mencionó la recurrente costumbre de discutir por horas las concepciones religiosas de Shakespeare; a pesar de ello, arriesgó su visión en ese terreno al señalar que Shakespeare sustenta el planteamiento y la comprensión de sus personajes a partir de premisas que el mismo Auden dividió en cristianas y no-cristianas. Aseguró que los presupuestos cristianos de la psicología shakesperiana son comunes a cualquier hombre, y entre ellos mencionó como esenciales que:

—todos los hombres son iguales; no porque compartan el mismo talento, sino porque todos son capaces de elegir.

—el hombre es objeto de las tentaciones; vive con lo que hace y sufre en el tiempo, que es el medio en el que realiza su carácter potencial.

—la indeterminación del tiempo indica que no hay ningún hecho que suceda una vez y basta.

—los buenos pueden morir, los villanos pueden arrepentirse, y el sufrimiento puede ser ya no una mera retribución, sino un triunfo.

4-auden-black-and-white[1] A la vez, las premisas no-cristianas de esa interpretación psicológica de los personajes de Shakespeare incluyen:

—que el carácter viene determinado por el nacimiento y el entorno.

—que el hombre puede adquirir la libertad mediante el conocimiento, pues quien conoce el bien lo pondrá en práctica; pero como sucedió a los isabelinos, el conocimiento no hace sino incrementar el peligro y la tentación.

—la comprensión de Dios como justicia redistributiva, donde el éxito es bueno y el fracaso se identifica con el mal, y donde no hay necesidad alguna de perdón o piedad. Los libros modernos —añadió Auden— también son fieles a la creencia de que el éxito se equipara al camino histórico del progreso, y que eso es correcto. 2285625940_fc19c183b8_b[1]

Arthur Kirsch destaca que bajo estas premisas, los héroes trágicos de Shakespeare son considerados por Auden, en lo esencial, como pecadores, mientras la mayoría de las comedias las ve como “un movimiento hacia una comunidad redimida, representaciones de la perfección del Eros en el ágape cristiano”.

Es bien conocida la postura de T. S. Eliot en este sentido, pues también consideraba pecadores a los héroes shakesperianos; pero si su enfoque religioso de los héroes es severo y, en numerosas ocasiones, incluso estricto, el de Auden es espacioso y liberal. Kirsch escribe: “Eliot no supo perdonar la ausencia de precisión tomística de un Dante en el pensamiento y el verso de Shakespeare, Auden, que no apreciaba en menos a Dante y compartía con Eliot varias de las razones para ello, tuvo una caridad cristiana muy superior (para con esos personajes)”.

WH-Auden-002[1]

  0[2]

PSICOLOGÍA INTEGRADORA

Esa elaboración de una “psicología cristiana” en Auden, añade Kirsch, se debía a sus eclécticos conocimientos de psicología y, particularmente, a su lectura de Freud, a quien incluso dedicó una elegía donde expone que si bien Freud con frecuencia erraba y a veces era absurdo, también había alcanzado un poder mítico, pues “hoy ya no es sólo una persona: es todo un clima de opinión bajo el que conducimos nuestras diversas vidas”. Auden también apreciaba la capacidad artística de Freud de arrojar luz sobre las infinitas particularidades de la motivación y la conducta humanas, insiste Kirsch, y transcribe un revelador fragmento de “La grandeza de Freud” (1953), reseña escrita por Auden de la biografía The Life and Work of Sigmund Freud, escrita por Ernest Jones:

“El gran paso que dio (Freud), el paso revolucionario que lo convertiría en un auténtico gran hombre incluso en el caso de que al final resultaran ser falsas todas y cada una de sus teorías, fue su decisión de considerar los hechos psicológicos como pertenecientes no al orden natural, que se investiga de acuerdo con las metodologías de la química y la biología, sino al orden histórico (…) el mundo histórico es un espacio horrible en el cual, en lugar de fuercillas nítidamente mesurables, existen cosas confusas con motivos ambiguos, un mundo en el cual las clases siguen solapándose, en el cual lo que se cree que ha pasado es tan real como lo que ha pasado en realidad, un mundo, además, que no puede ser definido en términos técnicos, sino sólo descrito mediante analogías”. 201insidecoverimg01[1]

PERCEPCIÓN SOCIAL

Este tercer instrumento intelectual de interpretación atañe a la responsabilidad moral de cada quien en el mundo histórico particular de los isabelinos y Shakespeare. Aquí también se observa la dependencia del individuo respecto a la comunidad o sociedad. Esta preocupación social se refleja en buena parte de las conferencias de Auden, pero en particular en El mercader de Venecia, obra sobre la que Auden escribiría después:

“De entre todos los dramaturgos Shakespeare es, quizá, el que escribe más «al natural». Sus dramas pueden ser en verso y, por ende, nada «naturalistas», pero nadie lo iguala en su capacidad de reflejar con perfección la doble verdad de que, mientras que cada persona es un individuo único responsable de las decisiones que toma y no una impotente víctima de las circunstancias, al mismo tiempo todos somos miembros uno del otro, mutuamente dependientes y mutuamente responsables. Nadie es lo que es o escoge lo que escoge independientemente de la naturaleza y las opciones tomadas por aquellos con los que se ha asociado”.

  ASTUCIAS DE KIRSCH

En su prólogo-introducción, Arthur Kirsch revisa con amplitud y pertinencia los aspectos esenciales de la visión de Auden sobre la obra de Shakespeare. Cita sus enfoques particulares más representativos en torno a los temas centrales de las obras, desglosa y analiza los motivos intelectuales de Auden mientras éste hace lo propio con Shakespeare. Con claro aliento artístico, Kirsch ensambla de manera armónica un enriquecedor volumen circunstancial (por como ocurrió el proceso de las conferencias), dramático (por como fue reconstruido y ensamblado con todas sus secciones y sus 85 páginas de notas) y deslumbrante por su brillantez de tesoro recobrado. Kirsch logra ofrecernos a un Auden vívido, chispeante, sugestivo, sutil e inteligente, pero sobre todo cargado de astucia poética y mundana. A su vez, Auden nos ofrece a un Shakespeare modélico en sus extraordinarias posibilidades de capturar y transmitir la experiencia de la vida concentrada en artísticas escenas de drama histórico, comedia o tragedia. Una astucia poética moderna y contemporánea puesta a indagar en la sabiduría poética clásica. shakewarhool

ASTUCIAS DE AUDEN

Auden tiene una peculiar manera de ubicarse frente al texto de Shakespeare y desmantelarlo mediante un análisis de su proceso de construcción y funcionamiento. Parece por momentos un mecánico metido a desarmar una maquinaria para analizar sus componentes, su eficacia dramática, su trama y sus escenas, sus personajes sufrientes o desorbitados, los propósitos últimos de sus planteamientos en cada obra, y si éstos se cumplen a plenitud, se quedan cortos, se desvían o se tornan alegóricos o simbólicos.

Añade Kirsch que la experiencia teatral y operística de Auden lo capacitan asimismo para referirse con frecuencia y de modo sagaz a las concepciones genéricas de Shakespeare y a su diferente modo de entender los personajes, construir las escenas  y armar las obras en las diversas épocas de su carrera. En particular su interés por la ópera y su experiencia en este género le permiten mantenerse excepcionalmente atento a las canciones, la música y los sonidos (de multitudes, calles o coros) de las obras.

Luego de este ejercicio, Auden profundiza y enriquece la lectura al acercarse a ella con un espíritu libre y abierto, conocedor de las contradicciones del corazón humano, pero también al complementar los textos con observaciones históricas, económicas, religiosas, teatrales, psicológicas, e incluso mundanas o de cultura popular contemporánea.

SOBRE JULIO CÉSAR

Como prueba de la excepcional amplitud de la concepción religiosa y de la personalidad y la cultura de Auden, Kirsch refiere su conferencia sobre la obra Julio César, en donde W. H. afirma: “…la sociedad romana estaba condenada no por las pasiones malignas de los egoístas, que siempre existen, sino por la insuficiencia de su audacia intelectual y espiritual que la incapacitaba para hacer frente a la situación”, porque “no supo desarrollar un modelos religioso capaz de comprender el mundo, de dar un sentido a lo que estaba pasando”. Kirsch atribuye la lucidez del análisis de Julio César a la intelección de Auden de las implicaciones psicológicas y morales del trasfondo pagano dibujado por Shakespeare en la obra, y resumido en “la incapacidad (del imperio romano) de dar origen a una comunidad”. Esta incapacidad provoca el singular vacío que ensombrece el panorama de la obra y los personajes, subraya Kirsch, y añade una premisa definitoria de Kierkegaard (citado por Auden numerosas veces a lo largo de esta conferencia), quien describe esta situación límite como “la desesperación inconsciente de la cultura pagana”.

oSHNiqZvJ1[1]

SOBRE ANTONIO Y CLEOPATRA

En cuanto a la obra Antonio y Cleopatra, acaso la más admirada por Auden, éste da una solución distinta a las resoluciones tradicionales dirigidas al amor o la lujuria entre los personajes como motivos de fondo de sus acciones. La evidente complejidad de la obra, dice Auden, deriva del hecho de presentar el tema de la «mundanidad». La atracción física de Antonio y Cleopatra «es real, pero los dos están echando carnes, y su lascivia no es tanto una necesidad física cuanto una forma de olvidar el tiempo y la muerte». Cuando Antonio y Cleopatra expresan su amor, dicen: “Quiero vivir para siempre”, insiste Auden. “Su poesía es como la buena cocina: una técnica para mantener despierta la excitación de la vida”.

“… el error de Antonio y Cleopatra es general, ordinario, común a todos nosotros y a todas las épocas; es la mundanidad, el amor al placer, al éxito, al arte y a nosotros mismos, y, a la inversa, el miedo al aburrimiento, al fracaso, al ridículo, a equivocarse de bando, a morir. Si el destino de Antonio y Cleopatra es más trágico que el nuestro, es porque han llegado mucho más lejos que nosotros, no porque sean esencialmente diferentes”.

 EPIFANÍA SOBRE FALSTAFF

En particular destaca la mirada intensa, empática y casi doliente de Auden sobre Falstaff, ese orondo carácter de bohemio maldito o maldito bohemio, del que tanto habla Shakespeare en Enrique IV y otras obras. Si tradicionalmente Falstaff es un pícaro, un borracho provocador y barrigón entregado a un cierto sentido hedonista de la vida, Auden lo describe con lo que Kirsch denomina “una epifanía de sus esc ritos sobre Shakespeare. Escribe Auden:

Current_Topolski[1]“El borracho es desagradable de ver, intolerable de escuchar, y su autocompasión es despreciable. No obstante, al ser no sólo un fracaso mundano sino también un fracaso voluntario, resulta un espectáculo perturbador para el ciudadano sobrio. Su negativa a aceptar las realidades de este mundo, por pueril que sea, nos instiga a echar otra mirada sobre el mundo y a reflexionar sobre los motivos por los que lo aceptamos como es. El sufrimiento del borracho puede ser autoinfligido, pero es un sufrimiento real y nos recuerda todos los sufrimientos del mundo, en los que preferimos no pensar porque, desde el momento en que aceptamos este mundo, adquirimos nuestra parte de responsabilidad por todo lo que ocurre en él”.

 Muchas otras destellantes observaciones del mismo calibre hace Auden sobre otros personajes, escenas, ambientes y contextos de las obras shakesperianas:

—indaga en el asesinato, la justicia y la pena capital en Macbeth,

—en la confrontación entre naturaleza humana (necesidades que sujetan al hombre) y el espíritu humano (la voluntad, la conciencia, la persona libre) en La tempestad,

—en la necesidad del bufón no sólo como personaje interesante sino como contraparte de la experiencia que entristece y como expresión del absurdo y el sinsentido en Como gustéis o Noche de Reyes,

—en el amor romántico y juvenil de Romeo y Julieta, del cual desde luego desconfía,

—en la evolución de Shakespeare hacia la dimensión operística que alcanza plenitud en la desmesura de Lear,

—en el conflicto religioso del judío Shylock de El mercader de Venecia, como un forastero en una sociedad que no lo acepta pero que es incapaz de prescindir de él,

—en los que considera fracasos shakesperianos como La doma de la furia, una obra “con demasiada escritura”, o en los personajes “menos logrados”. whauden-w700h550[1]

EPÍLOGO: AUDEN Y KIRSCH

Basado en un comentario de Aldoux Huxley que destaca las últimas obras de Shakespeare como un género propio, donde el autor se interesa decididamente “por determinados tipos de problemas artísticos; y estos los resuelve amorosamente, sin prestar atención a cuál sea el interés que mueve al conjunto de la obra”, Kirsch repone con una cita de la última conferencia de Auden, donde se percibe en el mismo Auden esa autocontención de su propio talento poético en una suerte de humildad sincera y despreocupada. Finaliza Auden sobre Shakespeare:

“Hay un proceso de continua simplificación en las obras de Shakespeare. ¿Qué busca? Quiere sostener un espejo delante de la naturaleza. En los sonetos más antiguo y menos importantes habla de la pervivencia de sus obras más allá del tiempo. Pero cada vez más se inclina por sugerir (como lo hace Teseo en su obra Un sueño de una noche de San Juan) que las obras mejores en este género no son más que sombras, que el arte es más bien aburrido. Dedicó toda su vida al arte, pero sin darle importancia. Creo que la actitud de Shakespeare para con su trabajo resulta especialmente atractiva. Hay algo un tanto irritante en a determinación de los artistas más significados, como Dante, Joyce o Milton, de crear grandes obras y sentirse importantes. Ser capaz de dedicar toda una vida al arte sin olvidar que el arte es frívolo es un logro muy señalado que no está al alcance de cualquier talante. Shakespeare nunca se toma a sí mismo demasiado en serio”.

A esta percepción Kirsch repone: “Tampoco Auden (se toma demasiado en serio). Sus conferencias sobre Shakespeare son, a la postre, tan humildes y tan capaces como su tema, y «disculpan a la vida». Al lado de sus ensayos estas conferencias figuran entre los más notables estudios shakesperianos del siglo XX”.

 

 

Screen-Shot-2014-04-23-at-14.00.58[1]

NOTA FINAL

“La vida es larga y además no importa”, reza el título de una novela de José Joaquín Blanco. Si esto es verdad, continuaré en este blog de astucias literarias con la revisión de algunas obras de Shakespeare en la mirada de Auden. Aunque también, como se sabe, la vida es corta y la lectura mucha…